A continuación, me propongo esbozar una serie de claves vitales para pensar uno si debería visitar a un psicólogo:
Si existe un malestar persistente y que influye en uno o en varios de sus ámbitos vitales (familia, trabajo, ocio, pareja...) al que usted o ha evitado hacer frente o bien lo ha intentado sin conseguir los resultados deseados. Específicamente: - Tristeza, depresión, desánimo, frecuentes ganas de llorar, desesperanza, desinterés por actividades que antes le eran muy placenteras, sentirse menospreciado, sentir que uno no es bueno en nada de lo que hace, discusiones con sus seres queridos, incomprensión...
Si realiza conductas no deseadas o tiene pensamientos que interfieren con su vida cotidiana y no sabe por qué se han instalado en su repertorio, y desearía quitarlos de en medio. Más específicamente:
- Problemas de irritabilidad, sensación de que se aproxima un desastre y no poder hacer nada para evitarlo, problemas de apetito o de sueño, miedos (a perder el control, a morir, a "volverse loco"), falta de control en el uso sustancias alteradoras de la conciencia, drogas, "manías" que han llegado a ser más preocupantes que tranquilizadoras, escuchar conversaciones o voces que nadie más puede oír, no poderse quitar de la cabeza una situación o un sentimiento, tener ideas extrañas que interfieren en su pensamiento o comportamiento...
Si siente que sus cualidades emocionales, intelectuales o sensuales han perdido intensidad y no encuentra un motivo aparente para ello; más específicamente:
- Falta de concentración, de memoria, de agilidad mental, no sentir como "auténticas" ciertas situaciones en las que se emocionaba con facilidad, retraimiento social, inseguridad, dificultad para tomar decisiones, hartazgo de todo...